miércoles, 16 de julio de 2008

Margaret Atwood: "Tengo mucha expectativa por ir a ver qué vuela en la Reserva Ecológica"

Entrevista a Margaret Atwood


El espacio salvaje de las mujeres

Antes de viajar a Buenos Aires para participar de una serie de conferencias sobre las aves, la escritora canadiense recibió a adn*CULTURA. Flamante ganadora del premio Príncipe de Asturias, candidata al premio Nobel, autora de novelas como La mujer comestible, ensayos sobre el equilibrio de la naturaleza y la obra de teatro Penelopliad, habla de feminismo, ecología y, a propósito de los mitos griegos y los modernos, comenta su admiración por Jorge Luis Borges y Tomás Eloy Martínez

Por Juana Libedinsky Para LA NACION



"Me encantan los buitres", sostiene Margaret Atwood, mientras pide unos gigantescos calamares fritos para acompañar su café con leche en un bar universitario. No es ningún tipo de metáfora. La flamante ganadora del premio Príncipe de Asturias, gran dama por excelencia de las letras del extremo norte del continente, es fanática confesa de las aves carroñeras. Hasta les dedicó un conmovedor poema que leyó durante el festival en el que le entregaron una de los principales distinciones que se entregan en Canadá. "Si yo fuera una poetisa del siglo XIX, estaría escribiendo sobre alondras y ruiseñores, pero dado que no soy una romántica del siglo XIX, escribo sobre buitres. Son tan adorables. Si no fuera por ellos, el mundo estaría lleno de cuerpos en descomposición, porque se comen lo que nadie más puede: carne podrida, venosa. Hubo una crisis considerable en la India por un antibiótico nuevo inyectado en las vacas que resultó mortal para ellos. Con menos buitres, las vacas muertas quedaban días por ahí pudriéndose, llenas de moscas, y contaminaron las reservas de agua En fin, uno no querría que bajara la población de buitres en ningún lado. Así que les regalé un poema", resume con su habitual placer por entrar en los detalles menos atractivos de la vida animal. Atwood ha hecho considerablemente más por las aves que escribir un poema. Con su marido, Graeme Gibson, son los presidentes honorarios de la división de aves extrañas de BirdLife International. Por esa razón, interrumpirá el año de encierro que se autoimpuso para preparar las Massey Lectures (una serie de conferencias académicas que se dictan en distintas universidades y que luego se transforman en libros y programas de televisión y radio del Estado canadiense) para viajar al encuentro anual de la ONG que se desarrollará en Buenos Aires en septiembre ("Tengo mucha expectativa por ir a ver qué vuela en la Reserva Ecológica", se entusiasma). La vinculación de Margaret Atwood con la naturaleza no es casual. Nacida en 1939, su padre era un célebre especialista en insectos y su madre, una entusiasta del aire libre que no temía espantar sola a los osos y odiaba las temporadas de invierno en Ottawa, donde debía usar sombrero y guantes. "A los seis meses de edad -escribió Atwood- me llevaron a los bosques del norte de Quebec en una mochila, y ese paisaje se volvió mi hogar." Si bien ha abordado un amplio abanico de temas, de la ciencia ficción a la mitología griega, en sus libros ( La mujer comestible, 1969; Resurgir, 1972; Chicas bailarinas, 1977; El cuento de la criada, 1985; El asesino ciego, por el cual ganó el premio Booker; Oryx y Crake, 2003; Penélope y las doce criadas, 2005, y Desorden moral, 2008, por nombrar sólo algunos de los títulos más conocidos), la naturaleza siempre ha jugado un papel tan importante en la ficción como en su vida cotidiana. "Es inevitable -sostiene la prolífica autora, a quien afectuosamente se la llama la Gran reserva natural de Canadá-. ¿Cómo situamos a los personajes en la ficción? Salvo que los pongamos en un refugio subterráneo (y aun así en algún momento tendrán que salir), están en contacto con el medio ambiente. Después de todo, al personaje hay que hacerlo vivir en algún lado, así que va a haber una vista, plantas, tierra que entra. Incluso si sólo mencionáramos el aire acondicionado o la calefacción, estaríamos haciendo una velada referencia al clima. Así que la relación con la naturaleza en la literatura es constante e ineludible." La entrevista con adn CULTURA se realiza en un bar lleno de estudiantes de la Universidad de Toronto que es casi un segundo hogar de la autora. Atwood, que lleva una remera con inscripciones varios talles más grande, zapatillas, pantalón gastado y el pelo en una cola de caballo (ya casi no puede mantenerle los rizos fuera de la cara), no desentona entre ellos. Es famosa la anécdota de que cuando ganó su primer premio de poesía, el Governor General s Award for Poetry, sus compañeras de Harvard le tuvieron que prestar un vestido, comprar zapatos nuevos y aprovecharon su ausencia para quemarle los viejos, unos gruesos Hush Puppies que eran el único calzado que usaba. Tan lejos del divismo ahora como entonces, no reniega de su estatus de celebridad cuando sirve para proteger la vida silvestre. "Sí, respecto a las aves, por ejemplo, soy escuchada porque soy una escritora conocida y no por el mensaje. Lo importante es concientizar como sea a todos. De todos modos, mantengo ciertos sentimientos encontrados respecto a las celebridades que se involucran en temas de conservación. Temo que esto libere a la gente no famosa de sentir que también debe hacerse responsable, que es la única salida posible", dice, y aclara que quiere ver qué pasa en el Sur del continente, porque en el Norte fue una temporada muy mala. "Por segundo año consecutivo bajó el número de aves migratorias, pensamos que por el calentamiento global. Es una catástrofe: primero desaparecen las aves, luego nosotros. Los mineros canadienses ya lo sabían, por eso soltaban un canario antes de bajar a las minas: si había gases mortales, los canarios caían primero y ellos se iban corriendo", subraya con el humor ácido del que hará gala durante la entrevista, pero que suaviza con una sonrisa cálida cuando menos se lo espera. -¿A pesar de las noticias sigue deleitándose con las revistas de ciencia popular? -La ciencia popular me sigue resultando un deleite absoluto, las revistas que la abordan son mi lectura favorita de esparcimiento, aunque, por supuesto, algunas de las cosas que estamos haciendo son horripilantes. No me refiero a cultivar múltiples órganos en un cerdo, eso es neutro. Todos me preguntan si estoy a favor o en contra de ese tipo de experimentación. Mi respuesta es que el avance científico es una herramienta que puede ser usada para fines buenos o malos. Por ejemplo, estamos arruinando la tierra, pero quizá podamos crear especies vegetales que puedan crecer en suelos arruinados o en climas adversos -¿Es optimista respecto al futuro, entonces? -¿Está bromeando? -¿Así de malo lo ve? -No, está bien, reconozco que soy optimista en el sentido de que no creo que el juego haya acabado ya. Pero, por ejemplo, estaba ordenando los papeles de mi madre, que falleció hace poco, y encontré unos recortes de diario de 1973 que ella había guardado. Decían que debíamos prestar atención a la industrialización descontrolada, que los hielos se estaban derritiendo y ese tipo de cosas que hoy se ven como temas del momento. Es mentira: todo eso lo hemos sabido durante décadas, ¿y qué hemos hecho? ¡Nada! De haber empezado a actuar entonces no nos tendríamos que estar preocupando tanto por el video de Al Gore Lo bueno es que la tecnología ha avanzado mucho y avanzará mucho más, y quizás el futuro del planeta pueda ser salvado por ella. -¿Qué hay del futuro de la literatura, cómo lo ve? -Bueno, si no hay futuro, difícilmente haya futuro para la literatura, ¿no? Debo aclarar que estamos hablando del futuro de la vida humana, porque salvo que seamos embestidos por un cometa, no podremos destruir toda forma de vida en el planeta. Las cucarachas, por ejemplo, no se verán afectadas, son muy resistentes. Pero si llegan a evolucionar hacia una fase literaria, dudo de que vayan a estar muy compenetradas con la herencia de nuestros libros; explorarán, en cambio, los temas propios de las cucarachas. Las cucarachas, a pesar de esa pasión que tienen por juntarse bajo la taza cuando uno está tomando té, en realidad no son seres muy sociales, hasta donde sabemos no es lo suyo formar partidos políticos o crear religiones, tenemos intereses muy distintos -¿Cómo escribe? ¿A mano, en computadora? ¿Varía según los géneros? ¿Tiene miedo a la página en blanco? -En cuanto a la forma de escribir, las conferencias son conceptuales, así que puedo hacerlas directamente en la computadora. La poesía siempre tiene que tener una primera versión manuscrita porque la onda mental es más larga. La ficción es un punto medio: hago a mano la estructura general y luego relleno a máquina. Todas las formas tienen en común que lo más difícil es arrancar. ¿Alguna vez se ha metido en un lago canadiense? No le explico lo frío que es, por eso meterse es la peor parte, pero una vez que uno está adentro, lo pasa razonablemente bien. Respecto a la página en blanco, todo el mundo le tiene miedo. Por eso, yo enseguida hago algún garabato, una marca en la hoja y bueno, aunque sea ya no está blanca, ya estoy en el lago y sólo resta ponerme a nadar. -¿Qué hay del teatro? Porque usted reescribió la Odisea desde el punto de vista de Penélope, una versión que el año último fue llevada al teatro con gran éxito en una producción realizada por la Royal Shakespare Company junto con el National Arts Centre de Canadá -El teatro no es para personalidades para adictos al control. Hay demasiada gente que interviene en el producto final, hasta en Shakespeare. A cada obra la hemos visto hecha de mil maneras distintas. Por eso uno habla del Hamlet de Richard Burton, por ejemplo. Respecto al Penelopliad , como se llamó la obra, salió muy bien (aunque mucho mejor cuando llegó a Canadá que cuando arrancó en Londres). Todo empezó porque Jamie Byng, el editor de la editorial Cannongate, me tendió una trampa y me pidió que le rescribiera un mito clásico antes de que yo hubiera tomado mi primera taza de café por la mañana. En ese estado digo cualquier cosa, y acepté. Mi idea original era rescribir un mito de las tribus originarias de América del Norte, pero descarté la idea porque, como no son conocidos para el gran público, tendría que haber puesto demasiadas explicaciones al respecto. En cambio, elegí contar la Odisea desde el punto de vista de la mujer que se queda esperando al marido entregado a sus aventuras. Durante todo el Renacimiento, se pintó a Penélope como modelo de esposa perfecta, pero si uno mira en profundidad, ella es más que un felpudo que se queda tejiendo, llorando y esperando. Para empezar, los hombres habían marchado a la guerra, así que tenía que ser bastante inteligente para manejar todo lo que había quedado a su cargo. Luego le aparecieron los cientos de pretendientes de los cuales se tuvo que deshacer. Fue una mujer astuta que sabía embaucar y mentir tan bien como su marido. Sin embargo, lo que más me atrapaba de la historia era el tema de las criadas. Siempre me molestó que se las ahorcara sin una buena razón. Homero muestra algún dejo de lástima hacia ellas al narrar, pero no demasiado. Las colgaron por haber mantenido relaciones sexuales con sus pretendientes, ¡pero habían sido violadas! -¿Los mitos griegos sirven para explicar el mundo actual? -Creo que son interesantes como modelo para comparar con la actualidad y ganar en perspectiva. Nadie entiende lo que pasa hoy hasta que se vuelve ayer, hasta que ordenamos los acontecimientos que nos golpean en la cara. Con el pasado sucede lo que con un accidente de auto. Es incomprensible hasta que se reconstruye. Partir de mitos griegos para entender la realidad puede ser muy duro porque, en general, no tienen finales felices, son muy tristes. Por eso, cada tanto, hay que mezclarlos con algún cuento de los Hermanos Grimm, o con cuentos de hadas, que son tanto o más oscuros que los mitos griegos pero al menos terminan bien. -Oscuros por lo sangrientos. -Sí, claro, lo mismo que el folclore Esa gente sabía qué atrapaba la atención de los oyentes o lectores, lo mismo que la Biblia. Ninguna historia de buena gente atrapa a las masas. A mí me gusta mucho, además, cuando se mezclan elementos de fantasía, Harry Potter sin ir más lejos. -¿No le afecta que las críticas lo invaliden porque se ha vuelto un fenómeno comercial? -Por favor, a quién le importa eso. Lo que al lector le interesa es la experiencia directa de la lectura. Bloomsbury es mi editora también, y leí Harry Potter antes de que se convirtiera en un best seller. Me encantan los libros y las películas de la serie, me parecen adorables, con un manejo extraordinario de los efectos especiales. El laberinto del fauno también me fascinó por eso. Me resultó escalofriante: un cuento de hadas muy extraño y muy bueno, aunque hablando de laberintos, y antes de un viaje a la Argentina, debo subrayar que nada se acerca a Borges y esa sensibilidad tan extraña, de la que hemos discutido con nuestro amigo Alberto Manguel. Pero, claro, entre mis escritores favoritos de allá, por supuesto, está W. H. Hudson, tanto por su trabajo con las aves como por su extraordinaria obra de ficción, que yo calificaría de cuentos de hadas duros de un angloargentino. Para alguien con mis intereses, Mansiones verdes y La tierra púrpura son imprescindibles. Luego, claro, hablando de lo fantástico, me fascina el fenómeno de Evita y algunos personajes políticos que ustedes han tenido. -¿Por ejemplo? -Bueno, leí ese libro sobre la vida póstuma de Evita de Tomás Eloy Martínez, que me resultó fenomenal, pero a Graeme, mi marido, le va a interesar averiguar sobre el robo de las manos de Perón. ...l, justo, escribió un cuento "El robo de la cabeza de Pancho Villa", donde alguien misteriosamente se la llevaba en una botella. Y claro, conocemos bastante del Che Guevara. Parece que el lugar donde lo mataron es venerado. San Ernesto siempre ayuda para que llueva. Es increíble la manera como pegó en Canadá, como en todas partes, el mito del Che, pero se entiende: era una figura romántica, muy buen mozo. Y murió lo suficientemente joven como para ser espléndido hasta el final. Eso es muy importante. Si uno quiere ser ese tipo de mártir, no sirve para nada sacrificar a alguien viejo y ya consciente de cómo funciona el mundo. Diana, Marilyn, el "Che", Kennedy, todos se fueron en su momento de esplendor. Jesús, a los noventa, no hubiese sido lo mismo. ¿Me voy a meter en problemas por decir esto? Pero es verdad. El sacrificio humano tiene sentido cuando se es joven como James Dean. Hay varias fotos de Elvis gordo hacia el final, pero nadie lo vio mucho entonces, y se lo recuerda delgado y fibroso en su traje blanco. Hay un libro fantástico llamado Dead Elvis sobre sus apariciones. Es interesante, porque tuvo una vida mucho más activa una vez que murió. -¿No hay este tipo de personajes en Canadá? -En Montreal tenemos al Hermano André. De su santuario, alguien robó su corazón pero lo devolvió, y hay varios mártires del lado francés. En el resto del país no "martirizamos", salvo a los exploradores. En Canadá, por el clima, los helamos y matamos de hambre, ocasionalmente también los ahogamos, y nos gusta escribir sobre eso. John Franklin, por ejemplo, es un mártir del que nos hemos apropiado, aunque nació en Inglaterra, y es muy popular en la literatura. Yo misma hice sobre él el prefacio de un libro llamado Cosas extrañas , como parte de una serie de conferencias que di en Oxford acerca de la literatura del Norte de Canadá. También escribí en Frozen in Time sobre las excavaciones para encontrar los cuerpos de quienes acompañaron a Franklin en su expedición al ártico canadiense. Allí se descubrió que habían sido envenenados con plomo por la comida enlatada que llevaban, lo cual probablemente explica por qué los expedicionarios se volvieron tan locos. Con el juicio alterado por el plomo, no pudieron tomar las decisiones clave que les habrían salvado la vida. Al prefacio lo ilustré con unas cuantas imágenes espeluznantes y todo eso fue la base de mi cuento "The Age of Lead". Hay una cantidad notable de gente congelada sobre la que he escrito. -Qué canadiense, supongo. -Sí, totalmente. En mi último libro, Desorden moral, incluí un cuento llamado "El fiasco del labrador", sobre un grupo de americanos que quieren unirse a una tribu de pescadores en la península del Labrador, pero toman el río equivocado, se pierden y sólo uno vive para contarlo. También tengo el cuento "Death by Landscape", que es como usualmente matamos a la gente en Canadá: al aire libre, en un lindo panorama. En realidad, en Canadá matamos a un número considerable de gente en accidentes de auto o cuando se caen de la escalera de la cocina y se rompen el cuello, pero eso no entra en nuestra mitología. Las misteriosas muertes en ambientes salvajes nos encantan. Es interesante pensar que se empezó a desarrollar este mito del Norte mortífero, al mismo tiempo que el de la femme fatale se volvía muy fuerte en la literatura. Por eso, el Norte logró convertirse en la mujer fatal por excelencia para la literatura canadiense. Es blanca, sensual y etérea, muy suave, susurra como la nieve que cae y que, con las luces del Norte, te llama una y otra vez y te envuelve hasta que te das cuenta de que has ido demasiado lejos, y ya no hay vuelta atrás Por supuesto que son sólo hombres los que conciben el Norte de ese modo. -¿Qué es el Norte para las escritoras? -En general no tienen por él esa atracción sensual, sino que lo ven como un espacio salvaje en el cual pueden escapar de las convenciones de la vida civilizada que las limitan. Para las escritoras, ir al Norte es ir a encontrarse con el ser interior, o una verdad profunda. Los místicos tienen el desierto. ¡Imagínese la frustración, si una es una mística en Canadá y necesita un desierto caliente para tener una iluminación! Por eso, nosotras inventamos el Norte como nuestro equivalente. -¿Y cuáles son sus próximos proyectos? -Terminé una novela que mantengo en secreto y que iba a ser publicada en el otoño de 2008, pero por las elecciones en Estados Unidos, los editores decidieron que era mejor posponerla, ya que con la gente metida en la política no se presta tanta atención a las novedades literarias. A la vez, los organizadores de las Massey Lectures me pidieron si no podía adelantar para este año las conferencias. El tema es libre y yo voy explorar el lado oculto de la riqueza y a indagar qué tenemos los humanos que nos permite esa construcción social. Arrancaré, por supuesto con la sociología de los primates para explicarlo y los próximos meses estaré exclusivamente dedicada a eso. De cualquier manera estar concentrada, aislada de todo y escribiendo es lo mejor que me podía pasar. Cuando todo sale bien, me siento como un pájaro que canta.

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